dissabte, 14 de gener de 2012

Vi, sexe i literatura


Vitis vinifera cataloniae, relats eròtics per a amants del vi, Vicent Palatsí*
Recull de contes connectats per uns personatges que pul·lulen per les històries i que tenen com a denominador comú l’estima pels bons vins i la tendència a mantenir relacions sexuals sempre que poden. On siga, quan siga, amb qui siga!
Vuit relats amb quasi 40 vins de la nostra terra, escollits pel paladar de l’autor i avalats per les millors guies, amb els quals es pot assegurar el triomf, o almenys quedar bé, en un envit amorós.
Trenta personatges majoritàriament bons vivants a la recerca dels plaers que la vida els pot oferir. Històries, i més, són presentades com a reals, a partir de la proposta que l’enòleg Andreu Ballester fa d’un Curs d’iniciació al tast.

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*Vicent Palatsí Armero (Castelló de la Plana, 1960) és professor de valencià d'Ensenyament Secundari i és membre de l’Associació Enològica de Castelló

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"Yo siempre he pensado que el macho garnacha, era algo demasiado redundante para ser verdad. Vamos, los veo bien como las mariposas que revolotean por los muros de las viejas iglesias. A menudo algunos de estos especímenes de floreteados mariposones se mezclan entre distintas calidades de hercúleos cabernets, queriendo parecer lo que no son. Pero no son. Es evidente. No son ni tan recios, ni tan aguerridos, ni tan morenos, ni tan afilados. Ni penetran en las cavidades gustativas con ese orgullo de hombrones sin tapujos, avasallando, que es gerundio y que tanto nos gusta. No, los garnachas siempre piden permiso. Primero huelen demasiado. No huelen como hombres, a tabaco, sudor y especias…no, ¡Qué va! Huelen más bien a fruta madurando al sol , a pasas, a flores de cementerio. Van demasiado adornados y nunca hacen de la oscuridad un misterio sin fondo en la copa. Si miras a través de ellos, en ese rojizo rosado con ribete pálido de cebolla, no encuentras frescor, ni sutilezas, ni misterio.
Por eso cuando conocí aquella garnacha tierna, que temblaba toda ella esperando mi aprobación, no caí en las garras de su ambigua dualidad. Jugué con ella, me serví del fondo de su copa, apurando la caricia aterciopelada que me daba. Demasiado aterciopelada para mi gusto. Me entusiasma mucho la franca aspereza de las razas oscuras y de los olores arriesgados, que van más allá de jardines ingleses y parterres de ricos empresarios, sin imaginación. La garnacha es un macho que no da lugar a imaginar impúdicas aventuras ni dramas lacrimosos, eternos.
El garnacha tiene alma de diablo. Quizás no tiene alma siquiera.
Me gustan los fantasmas. Estuve perdidamente enamorada de uno. Las almas en pena son atractivas. Escuecen. No pueden tocarse con las manos. Van directas al corazón. Por eso una vez estuve enamorada de un alma en pena, se llamaba cariñena. Cariñena no era un ángel, era un soldado de la legión de honor de los muertos. Garnacha era su enemigo, el diablo que todo lo enreda.Cuando me acosté con cariñena la primera vez, ocurrió algo que ni siquiera en las revistas especializadas habría podido descubrir...
(Continuará)"
Garranxa (Verema)